Viernes, 08 Noviembre 2013 09:29

Difícil acoplamiento de las plataformas legales en el mercado pirata español

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Las plataformas digitales de pago se encendieron a principios de 2007. Apenas había media docena de lo que hoy llamamos compañías de VOD (Vídeo Bajo demanda). En la actualidad existen más de 30, según recoge mesientodecine.com, la web institucional que informa de todas ellas, así como de los estrenos y demás contenidos que ofrecen.

Algunos, hablan de “Boom de videoclubs online”, con una tarta de negocio muy pequeña debido al enorme peso que supone la descarga ilegal.  Mientras solo unas pocas de las plataformas (llamaremos así a todas las legales, en contraste con las que ofrecen descargas ilegales, que denominaremos webs piratas) disponen de los estrenos más sonados del mes, las webs piratas, que son más de 40, ofrecen todo lo que se estrena no solo en “home video”, sino lo que se encuentra recién salido en salas.

Su situación, por lo tanto, es sombría, como lo es la del canal del alquiler o el de la venta directa de producto físico. Nadie se salva de esta devastadora plaga, a la que parece no enfrentársele ningún gobierno con las herramientas adecuadas. Por 2007 había esperanzas de que se arreglaran las cosas, hasta el punto de que Hulu y Netflix estaban preparándose para saltar a España. Después se lo pensaron mejor, y esperan el momento adecuado, que no llega nunca.

La mayoría de las plataformas, hoy, actúan con el modelo abierto (pago por película) y el de suscripción (por una semana, un mes o el tiempo que el canal  permita).  En 2007, las que había, iniciaron su andadura con un modelo de descarga gratuita desde su librería, financiándose con publicidad.

“Funcionaba bastante bien –nos dice Pablo Varela, director de AdnStream, una de las que impulsaron este modelo–. Aunque fuera únicamente por el reclamo de ver películas gratis, se volcaban en consumir ese tipo de cine. Pero se trataba de un entorno muy limitado, ya que no se puede acceder, dentro del modelo de ventanas que hay, al contenido más reciente, solo como modelo abierto con publicidad”.

Poco tiempo después se impusieron otros sistemas como el alquiler de películas a través de pago por teléfono móvil, tarjeta o Pay Pal, cuyo tirón entre los usuarios fue de vida breve. Y no porque no funcionase, sino porque a través del móvil, por puro modelo de negocio, las operadoras se llevaban la parte más sustanciosa, lo que impedía que saliera rentable a las plataformas.

{jb_quoteleft}Su situación, por lo tanto, es sombría, como lo es la del canal del alquiler o el de la venta directa de producto físico. Nadie se salva de esta devastadora plaga, a la que parece no enfrentársele ningún gobierno con las herramientas adecuadas {/jb_quoteleft}Paralelamente  surgieron nuevos escenarios para expandir el negocio. Además de los canales ya existentes, surgieron las tabletas y los móviles. Esto ocurría por 2009, casi al mismo tiempo que aparecieron los primeros televisores con aplicaciones en la pantalla que permitían descargar películas y música: Samsung, Philips y LG. Hoy en día, todas las plataformas utilizan las posibilidades que ofrecen las televisiones conectadas, para las que las plataformas han debido crear aplicaciones de fácil manejo y comprensión para los usuarios.

Esta fórmula, conocida con el término de “revshare” (compartir los ingresos de las ventas), se ha visto impulsada en los últimos dos años tanto por las plataformas como por los fabricantes de televisores. Y así, al parecer, todos han salido ganando. Aunque ha surgido algún conflicto, como cuando el fabricante ha exigido un cierto nivel de exclusividad de la plataforma al incluir su aplicación en la pantalla del televisor.

Las plataformas, a cambio, han exigido que su aplicación estuviese en un nivel óptimo de visibilidad en la pantalla. Así ganaban el fabricante, el distribuidor de contenidos y el usuario.  Esto mismo ha pasado con los demás dispositivos que ofrecían la posibilidad de ver películas, como las tabletas o los móviles.  Al final, fabricantes de “hardware” y distribuidores de contenidos, se han puesto de acuerdo, y lo han solucionado con una vieja fórmula: el que más paga está mejor colocado.

El negocio, sin embargo, no está claro para las plataformas por culpa de la demoledora competencia de las webs piratas. No solo no lo ven claro, sino que en los momentos actuales es ruinoso, y la mayoría de las plataformas, sobre todo las españolas, solo pueden sostenerlo con la mínima inversión en producto.

Algunas, como Wuaki.tv, que han sufrido una inyección de dinero muy fuerte, al haber sido comprada por capital extranjero, ofrecen lo último en estrenarse en salas, pero a costa de perder dinero, ya que los alquileres realizados no son los suficientes para compensar la inversión. Otras como Yomvi se mecen en los acuerdos cruzados existentes entre Canal + (propietaria de la plataforma) y las distribuidoras. Algo parecido a lo que ocurre con Nubeox, propiedad de Antena 3.

Mención aparte merecen las plataformas de las operadoras telefónicas, que aspiran a quedarse con la mayor parte de la tarta –si no con toda– del mercado del videoclub online legal en un futuro. ¿Cómo? A base de cruzar ofertas con sus divisiones de venta de telefonía y ADSL, con el fin de captar el mayor número de sus clientes fijos. Algunas plataformas y distribuidores de contenidos, les acusan –especialmente a Telefónica– de estar detrás de las presiones al Gobierno para impedir que apruebe un Código Penal capaz de acabar con las webs piratas.

También Google es acusada de lo mismo, aunque por otros motivos. “Por pura inercia –nos asegura el responsable de una plataforma–, todos sabemos que Google está sentado en una montaña de dinero, viendo como los demás nos matamos. Lo que les sobra a ellos, que es tiempo para resistir la piratería, a los demás nos falta. En esta guerra, probablemente, tanto Youtube como Google (al fin y al cabo son los mismos), acabarán quedándose con una gran parte del mercado”.

{jb_quoteright}Hoy, la apuesta para la mayoría de las plataformas españolas que no pertenezcan a un operador o a un canal de televisión, es mantenerse en un entorno de rentabilidad mínimo, algo complicado con los millones de descargas ilegales que se realizan a diario {/jb_quoteright} Algo parecido podría ocurrir con Telefónica, pues su potencial económico le permite esperar a que la piratería acabe con el mayor número de plataformas, lo mismo que, hace unos años, consiguieron desmantelar con sus prácticas nada ortodoxas –recuérdese sus ventas de ADSL diciéndole al comprador que así podía bajarse películas y música gratis–, con buena parte de los videoclubs y del negocio de venta de películas físicas en tiendas como El Corte Inglés.

Hoy, la apuesta para la mayoría de las plataformas españolas que no pertenezcan a un operador o a un canal de televisión, es mantenerse en un entorno de rentabilidad mínimo, algo complicado con los millones de descargas ilegales que se realizan a diario. Este nivel de piratería, que  los sucesivos gobiernos han permitido con su pasividad, está llevando a algunas plataformas a las puertas del cierre. Ya lo ha hecho Youzee. Y no será probablemente la única a corto plazo. Se calcula que en España, a finales de 2013, habrá un 60% de hogares conectados al internet a través de la banda ancha. Ello permitiría un negocio floreciente... si no existiesen, claro, las webs piratas.

Por eso algunos resisten, en la esperanza (nunca materializada en hechos) de que este Gobierno apruebe, de una vez por todas, una normativa que acabe con ellas. Mientras tanto, los precios de la actualización de las tecnologías por las que fluirán las descargas legales, suben de año en año, sin contar los costos que supondrá el almacenamiento de títulos y su salida controlada por las distribuidoras a través de dispositivos DRM.  

Las televisiones conectadas abren nuevas posibilidades para todos los que vayan quedando, porque ofrecen una oferta distinta al nuevo tipo de usuario, al cual lo acostumbrarán a consumir de otra manera. Algo parecido a lo que hace Apple Store, quien facilita a su consumidor de la forma más sencilla la compra de las aplicaciones que ofrece en su tienda. Por eso, las plataformas creen que con las televisiones conectadas cada vez va a ser más fácil comprar contenido (Wuaki.tv está, por ejemplo, alojada en todas).  

El problema es que en estos momentos resulta costoso para la plataforma invertir en tecnología con el fin de poner su aplicación a disposición del usuario con un contenido atractivo. Y ya se sabe, hoy por hoy, lo más atractivo son las películas y las series, y ambas se encuentran gratis en las webs piratas. Mientras no haya un público dispuesto a pagar por contenidos legales, la cosa va a estar difícil.

Por eso las plataformas intenten convencer a las distribuidoras para que compartan un modelo de negocio en el que se repartan los riesgos e ingresos (el antes mencionado “revshare”). Las primeras pondrían la tecnología, y las segundas el contenido. Las Major, salvo excepciones, no comparten ese modelo, y exigen anticipos. Otras distribuidoras, las nacionales sobre todo, aceptan en parte ese compromiso. Y decimos en parte porque son varias las que han dejado de trabajar así, al comprobar que lo que recibían a cambio de ceder sus películas, era pura calderilla. “No nos compensa ni el trabajo ni el seguimiento”, nos han dicho.

Una vez más, la culpa la tiene la piratería, que no permite que las plataformas hagan una previsión de usuarios o de descargas a medio plazo, lo que bloquea los acuerdos con mínimos garantizados. “Con las descargas gratuitas, la distancia es insalvable. Si hubiese un empuje a  nuestro favor con el Código Penal, el negocio subiría en poco tiempo”, nos dice el responsable de una plataforma.

¿Y si, finalmente, la ley es aprobada y desaparece una gran parte de la piratería? En este supuesto, muchas plataformas con las que hemos hablado, vuelven a mencionarnos el peligro de un monopolio Telefónica-Google. Y eso ocurriría cuando se ocupe todo el parque de ADSL y la cuota de crecimiento –y por lo tanto de negocio– se vuelva plana para las operadoras.

¿Aceptarán Telefónica, ONO, Jazztel o cualquier otra operadora, quedarse simplemente para gestionar el buen servicio de líneas ADSL? Pensamos que no. En estos momentos, todas ellas están creando empresas complementarias para ofrecer  contenidos culturales. “Y eso les lleva, desde su posición dominante, a querer neutralizar las líneas de negocio de las plataformas independientes”, reafirma el responsable de una de ellas.

¿Cómo? Dando servicio de cultura digital por sus propias líneas o en “broadcaster” (canales de televisión). De hecho, ya está ocurriendo. “¿Si los propios estudios de televisión, como Antena 3 o Canal Plus lo hacen o incluso Google también lo hace, por qué nosotros –se pregunta delante de tmv un importante ejecutivo de Telefónica– no lo podemos a hacer? ¡Booom! Las operaciones por disponer de la mayor cuota de pantalla en la oferta de productos culturales descargados desde internet, no ha hecho más que empezar.

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