Miércoles, 29 Octubre 2014 09:45

Muñecos más que diabólicos

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“Annabelle” ha hecho de las suyas en Francia. La diabólica muñeca de la última película del director y “cinematographer” californiano John R. Leonetti, que Warner ha estrenado recientemente en España con gran éxito, ha sido la causante de que la mayoría de las salas de nuestro vecino país la sacaran de cartelera tras la histeria (o algo parecido) desatada entre los espectadores franceses que asistían a la proyección.

¿Por qué allí y aquí (y en el resto del mundo) no se han producido actos vandálicos del estilo? Bueno, habría que preguntarles a los psicólogos las razones, aunque no es este el argumento de nuestro reportaje, dedicado más bien a los muñecos diabólicos que han pululado en el cine, sobre todo en los últimos tiempos.

Aunque el primero se exhibió en 1936, cuando Tod Browning (el director de “Drácula”, 1931) estrenó “Muñecos infernales”. En las décadas siguientes se esfumaron, hasta que en 1964 surge “El muñeco diabólico” de Lindsay Shontef, un raro en el cine de género terrorífico.

Se filmó con ideas sacadas de historias macabras anteriores, sobre todo de dos de Robert Wiene: “El gabinete del Doctor Caligari” (1920) y “Las manos de Orlac” (1924). Nos cuenta las actividades de un hipnotizador de circo con poderes sobrenaturales, que utiliza a través de un muñeco llamado Hugo, capaz de realizar muchas barbaridades.



 

Pero mientras en esas películas hay por medio siempre un ser humano pirado, en el “Muñeco diabólico” que rueda en 1988 Tom Holland (distribuido por Warner Home Vídeo), es el propio juguetito el que actúa por sí mismo (como “Annabelle”). Holland, padre del terror moderno, utilizó para ello una historia de Don Mancini, al que hay que atribuir la ingeniería literaria de este muñeco bautizado “Chucky”, que cae en manos, en su sexto cumpleaños, de un niño que, inicialmente, es el único que percibe que tiene vida propia y un alma diabólica.

Terror, puro terror. Eso es lo que quería generar en la película el productor David Kirschner, recordando así que cuando era pequeño, le asustaban mucho las muñecas de su hermana mayor. Aunque para Holland, la historia era “Un “thriller” psicológico, pues a pesar de que tiene elementos sobrenaturales, no es exactamente una historia de terror”.

Podríamos discutírselo. Pero lo que sí es cierto es que su película generó toneladas de terror en todo el mundo, y de ella surgieron muchos chucky más (para televisión y pantalla grandes). Para esta última: “La novia de Chucky” (Ronny Yu, 1998, distribuida primero por Filmax y luego por Paramount), “La semilla de Chucky” (Don Mancini, 2004, Paramount) y “La maldición de Chucky” (Paramount), dirigida también por Don Mancini (en 2013), como hemos dicho autor del argumento y del muñeco (en el que por cierto se introduce el enano actor Ed Gale).

De muñecos diabólicos sabe también Charles Band, uno de los productores y directores más prolíficos de la serie B, que con su sello Full Moon ha parido juguetitos terroríficos a partir de 1980. No son muchos los títulos de esta productora y de este director que han llegado a las carteleras españolas, aunque los aficionados al género recordarán “Dollman contra los juguetes asesinos” (1993), “La venganza de los muñecos” (1989) y “La venganza de los muñecos 2” (1991), todas ellas distribuidas en vídeo por Paramount; las dos últimas dirigidas respectivamente por David Schmoeller y David Allen. Y hay una tercera entrega firmada por David Decoteau.

Y ya en el terreno más de la ciencia ficción que en el del terror puro y duro –aunque también da miedo–, está “Pequeños guerreros”, filmada por Joe Dante en 1998 y distribuida por Universal Video. El director de los “Gremlins” 1 y 2 (1984 y 1990) decía al respecto: “Lo más importante para hacer una película de este tipo es no perder nunca de vista la idea de que no quieres rodar una película que se limite a tener un montón de efectos especiales, sino de personajes que importen al espectador. Así que el verdadero desafío de un proyecto como el de “Pequeños guerreros”, era hacer que los juguetes estuvieran tan vivos como los seres humanos; y viceversa”.

Quizá en eso radica la fuente de los sobresaltos y el pánico que pueden producir estos muñecos diabólicos y, en concreto, las que ocasiona Annabelle. Hay más juguetes en el cine, pero no dan tanto miedo. Es el caso de los que aparecen en las diferentes entregas de “Toy Story”, aunque a decir verdad también en ellas hay malos que sobrecogen. Y es que Disney, como siempre, da una de cal y otra de arena. El Bien y el Mal, indisolubles en la naturaleza humana.

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